Callejeando
jueves, 19 de junio de 2014
Torres del Paine: la octava maravilla
Andoni Canela| Parque Nacional Torres del Paine (Patagonia)
Tras sobrevivir a la ola de frío de las montañas Rocosas, viajar al hemisferio sur y cambiar el invierno por el verano se presenta como el mejor regalo de Navidad. Es cierto que el verano del lugar adonde vamos no es demasiado caluroso: cerca de las montañas de los Andes y sus glaciares, los meses estivales son más bien frescos.
Nuestro nuevo destino es la Patagonia, una de las áreas con más personalidad del territorio americano. Nuestro vuelo, de Denver a Buenos Aires, atraviesa en línea recta América Central y gran parte de Suramérica tras recorrer una distancia de más de 10.000 kilómetros. Poco después de aterrizar en la capital, tenemos que tomar otro avión hasta el sur de Argentina.

Foto: Andoni Canela
En El Calafate, lugar de inicio de nuestra aventura en Patagonia, pasamos unos días disfrutando de la amabilidad argentina y el buen tiempo, sin nieve ni frío aunque con mucho viento.
El topónimo Patagonia procede del nombre que el famoso navegador del siglo XVI Fernando de Magallanes dio a una de las tribus nativas de esta región, los aónikenk o tehuelches, que se localizaban entre el río Santa Cruz (en la región argentina homónima) y el Estrecho de Magallanes. Él los llamó patagones, nombre inspirado en el gigante Patagón, a causa de su considerable estatura y corpulencia.

Foto: Andoni Canela

Los Cuernos del Paine, excepcional telón de fondo del lago Pehoé. | Foto: Andoni Canela
No hacía falta que nadie dijera que Torres del Paine es una de las maravillas naturales del mundo para saber que la belleza de sus lagos y picos admite pocas comparaciones
Había estado allí doce años atrás, y ahora tengo la sensación de que este lugar ha cambiado muchísimo: el turismo ha multiplicado por varios dígitos la población y las infraestructuras.
Desde El Calafate, se tarda entre seis y ocho horas a llegar por tierra hasta Torres del Paine, en Chile. Este Parque Nacional, constituido en 1959 y declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978, está situado al sur de la Patagonia chilena y se considera la octava maravilla del mundo a causa de la belleza de sus paisajes, donde se encuentran enormes extensiones de pradera o estepa patagónica, grandes formaciones lacustres, glaciares muy antiguos y bosques autóctonos de lenga y ñire.

Foto: Andoni Canela
También destacan las impresionantes montañas de granito que forman parte de los Andes patagónicos, entre las cuales se encuentran formaciones de entre 2.000 y 3.000 metros de altura como los Cuernos del Paine o el Paine Grande. Pero son particularmente conocidas las Torres del Paine, tres torres de entre 2.600 y 2.850 metros de altura modeladas por la acción de los glaciares de esta área y que dan nombre al parque.
Decidimos alojarnos bajo los Cuernos del Paine, junto al lago Pehoé. Al igual que los otros lagos y lagunas del parque, el Pehoé presenta unas aguas azul turquesa que le confieren una belleza espectacular y que, con la ayuda de las olas creadas por un viento casi constante, te hacen pensar que estás junto al mar.

Foto: Andoni Canela

Foto: Andoni Canela
El equilibrio biológico hace que gran cantidad de especies muy representativas de la región tengan un refugio en esta área natural protegida
De hecho, en la lengua aónikenk, paine significa azul, un color que se convierte en el emblema cromático de este lugar. La Patagonia ya es de por sí un sitio mágico, y dentro de su inmensidad el Parque Nacional de Torres del Paine es sin duda un lugar con un encanto especial. No hacía falta que nadie dijera que Torres del Paine es una de las maravillas naturales del mundo para saber que la belleza de sus lagos y picos admite pocas comparaciones.
Pero hay algo todavía más importante: el equilibrio biológico hace que gran cantidad de especies muy representativas de esta región tengan un refugio en esta área natural protegida. En Torres del Paine viven mamíferos como el puma, el gato de Geoffroy, el huemul, el guanaco, el zorro culpeo y el zorro chilla, el chingue (o mofeta) y el armadillo. Y también se encuentran aquí más de cien especies de aves, entre las cuales están el cóndor, el carancho (o caracará), el ibis y el ñandú.

El guanaco, uno de los animales característicos de las montañas y llanuras sudamericanas. | Foto: Andoni Canela
De entre todos estos animales hay uno que destaca por su abundancia y para nosotros también por su relación con el puma, máximo depredador del lugar y animal protagonista de esta parte de nuestro proyecto. Se trata del guanaco, un camélido salvaje que vive en las montañas y en las grandes llanuras sudamericanas.
Al poco de entrar en el Parque ya nos encontramos con un grupo de guanacos que descansan con sus crías junto a un lago rodeado de montañas. Hay unos cuarenta chulengos, que es como llaman por estas tierras a las crías de entre uno y dos meses de edad. Algunos juegan entre ellos mientras otros permanecen sentados en la hierba.

Foto: Andoni Canela

Foto: Andoni Canela
En un mismo día de verano aquí puede hacer frío, calor, lluvia y nieve, y es posible llegar a ver un arco iris tanto por la mañana como por la tarde
Decidimos hacer una caminata por un sendero que sube hacia unas montañas desde las cuales podremos observar el paisaje abierto de los alrededores. Al inicio del camino, junto a una laguna, una pareja de canquenes (gansos patagónicos) con siete pollitos se apartan sin demasiado jaleo del camino mientras unos ñandúes (muy similares a las avestruces) caminan con las montañas de fondo ofreciéndonos una bonita instantánea.
Es muy temprano y el viento, que baja gélido de los glaciares colgantes del Paine, supera los 80 kilómetros por hora. Bajo cero en pleno verano y una sensación térmica insoportable motivada por el viento helado y feroz. Sin embargo, unas horas después, a media tarde, el viento para, sale el sol y nos ponemos en mangas de camisa.
En un mismo día de verano aquí puede hacer frío, calor, lluvia y nieve, y es posible llegar a ver un arco iris tanto por la mañana como por la tarde. Pero también hay jornadas totalmente dominadas por el calor intenso, y ésta ha acabado siendo una de ésas.

Foto: Andoni Canela
El cielo queda despejado y se pueden ver perfectamente los Cuernos del Paine, libres de nubes con la cálida luz del sol pintándolos de negro. Éste es uno de los días más limpios de las dos primeras semanas de nuestra estancia en la Patagonia. Los arbustos de calafate están cargados de frutos (muy similares a los endrinos del pacharán) y los roquedos donde pueden estar los pumas, en la cima de las montañas, parecen muy cercanos y asequibles. De camino hacia allí, es difícil resistirse y no parar a mirar el paisaje, pero la necesidad de rastrear hace que tengamos que seguir adelante.
Los paisajes patagónicos bañados con buena luz son algunos de los lugares más bellos del planeta. Pasamos junto a una pequeña laguna y tenemos que subir por una ladera empinada para disfrutar de una buena visibilidad.
Desde las alturas, se observa un cerro orientado hacia el lago de Sarmiento y otros lagos y lagunas que se pierden en el horizonte. Todos tienen un color azul intenso que nos alegra la jornada. Esa sensación se repetirá en los siguientes días.
Andoni Canela es un reconocido fotógrafo de naturaleza cuyo trabajo ha aparecido publicado en cabeceras como National Geographic, Time o Geo. Su serie de artículos Espíritu Salvaje, fruto del proyecto Looking for the Wild que lo llevará a viajar por todo el mundo en busca de los animales más representativos de cada continente, aparece publicada cada mes en Quesabesde
martes, 17 de junio de 2014
"Era una situación dura que fotografié con mucho respeto y dignidad"
Edu Bayer
Foto: Edu Bayer
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez
Un recorrido por los pueblos más pequeños. Una visión de un medio rural que poco a poco desaparece. Pero, sobre todo, un viaje periodístico de larga maduración para contar historias humanas y universales pese a lo concreto de su localización. Así es el proyecto “Microcataluña” que Edu Bayer fotografía y Marc Serena redacta. En plena fase de recaudación de fondos, el fotoperiodista nos habla de la imagen de Modesto postrado plácidamente en su cama apenas un día antes de su fallecimiento.
Edu Bayer
Marc Serena y yo habíamos trabajado juntos en temas internacionales, pero teníamos ganas de tratar historias relacionadas con el medio rural en Cataluña. Éste es el origen del proyecto de los micropueblos, que nos propusimos hacer en formato de viaje.
Los micropueblos son municipios con menos de 500 personas. Una tercera parte de los municipios catalanes cumple con estas características: 328 pueblos que ocupan aproximadamente un 35% del territorio y están habitados por unas 80.000 personas. Ésta es nuestra materia primera. Éramos conscientes de que tratábamos un tema local, de nuestra tierra, pero al fin y al cabo un tema que podría hacerse en cualquier otro lugar de España o incluso en otros países.
Empezamos el viaje en marzo de este año y el recorrido nos está llevando solo por algunos pueblos porque no hay tiempo de hacerlos todos. La idea es hacer un periodismo tranquilo, cercano y conociendo a la gente. De media estamos unos seis días en cada pueblo. Durante los seis meses que queremos que dure el viaje pretendemos visitar las comarcas en las que hay micropueblos, que son prácticamente todas.
En cualquier caso los pueblos son el tablero de juego. Nosotros lo que buscamos son historias de las personas que viven en ellos. En realidad es poco tiempo, porque es al irnos de los pueblos cuando realmente empezamos a comprender el lugar.
Se trata de encontrar a personajes que vayan desvelando diferentes facetas de este ámbito rural. En un pueblo hablaremos con un ganadero, escucharemos sus problemas y conviviremos con él; en otro estaremos con unos jóvenes que programan videojuegos y que se acaban de mudar ahí porque están más tranquilos y el aire es más limpio; en otro conoceremos a una mujer que cura con plantas medicinales; en otro viajaremos con el cartero, con un zahorí que busca agua… Visitamos los pueblos en los que parece que nunca pasa nada, donde no va nadie si no es en fin de semana para comer en un restaurante.
La historia de esta foto pasa entre la zona de la Segarra y la Noguera, tierra de secano, de cereales… Una tierra difícil para que los jóvenes de hoy encuentren trabajo. Estuvimos dos o tres días con Clemen, una enfermera rural del pueblo de Sanaüja, viendo cómo atendía a los pacientes de pueblo en pueblo. La acompañamos también el día que le tocaba visitar las masías. La gente vive muy aislada y hay mucha gente mayor; la medicina rural necesita de más medios.
El señor de la foto vivía en una de las varias masías de Vilanova de l'Aguda, pero como estaba muy mal Clemen nos dijo que era mejor que nos quedáramos fuera. Al cabo de cinco minutos de esperar nos dijo que entrásemos. Supongo que la familia entendió que hacíamos algo interesante. Nos explicaron quién era el señor que estaba en la cama pasando sus últimos días. De hecho el tratamiento que le daba la enfermera era paliativo.
"Es alguien que muere en su cama después de muchos años y rodeado de gente querida: es un buen final"
Modesto era un mosso, una figura bastante antigua que también puede encontrarse -por ejemplo- en zonas rurales de Castilla. Un hombre soltero que se va a casa de una gente y se integra en esa familia para trabajar en el campo, cuidar a los animales… pero sin percibir dinero por ello.
Modesto estaba muy débil y apagándose, pero muy bien atendido por la familia. Se le veía tranquilo. Un día y medio después, cuando aún seguíamos con la enfermera, Modesto murió. Decidimos volver para el funeral y la iglesia estaba llena. Había como unas 70 personas. La tradición de los funerales en los pueblos pequeños es muy importante todavía y todo el mundo acude al entierro. En el ramo de flores ponía “Record dels de casa” [“Recuerdo de los de casa”].
Era una situación dura que fotografié con mucho respeto y dignidad. Hablé con ellos e intenté reconfortarlos, aportar algo positivo. Es muy importante la actitud con la que se hacen las cosas. Entiendo que es una etapa más de la vida, pese a ser una situación dura. Es alguien que muere en su cama después de muchos años y rodeado de gente querida: es un buen final.
miércoles, 11 de junio de 2014
Sara Lewkowicz: un relato de violencia y esperanza
Colarse en la intimidad de un hogar y fotografiar un espinoso conflicto de violencia de género desde primera fila no es tarea fácil. Menos aún hacerlo con la aparente invisibilidad que se le presupone a todo fotógrafo documental. Precisamente eso consiguió Sara Naomi Lewkowicz, y seguramente por ello y por la carga emocional de sus fotos el trabajo “Maggie y Shane: retrato de violencia doméstica” ha sido distinguido con varios premios internacionales de gran calado, entre ellos un World Press Photo. Ahora este sobrecogedor trabajo puede verse en Barcelona bajo el paraguas del festival DOCfield>14.
Coproducida por Photographic Social Vision y Visa pour l’Image, la exposición que recoge el trabajo que ha aupado a la joven fotógrafa Sara Naomi Lewkowicz a la primera línea internacional de la fotografía documental es sin duda uno de los platos fuertes de un DOCfield>14 cuya segunda edición se encuentra estos días en plena ebullición en Barcelona.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
La muestra podrá verse hasta el 26 de julio en el Pati Llimona de Barcelona.
Ya en la pasada edición del festival Visa pour l'Image, el premio Rémi Ochlik para jóvenes reporteros fue para este demoledor reportaje de Sara Lewkowicz sobre la violencia de género. Le siguió un primer premio en la última edición del World Press Photo, y hace unas semanas este mismo trabajo se encumbraba en lo más alto de los Sony World Photography Awards.
Un trabajo documental a largo plazo en el que la fotoperiodista neoyorquina se plantea las relaciones que se establecen entre el maltratador y su víctima: el dominio y la sumisión, la consumación reiterada de los malos tratos y las consecuencias de todo ello más allá de la relación de pareja.

Foto: Sara Naomi Lewkowicz

Foto: Sara Naomi Lewkowicz
Lewkowicz: “Estas situaciones, si eres muy emocional, acaban haciéndote daño y no puedes pensar de una forma lógica. Simplemente dejé las emociones a un lado”
Tras pasar una temporada en prisión y poco antes de salir en libertad, Shane dio con Maggie a través de una amiga. Lewkowicz conoció primero a Shane y después a Maggie atraída por el enorme tatuaje con su nombre que él llevaba en el cuello. De esta forma comenzó a fotografiar a la pareja y a los dos hijos que Maggie había tenido con otro hombre.
Ya en las primeras fotografías se advierte la actitud agresiva de Shane hacia Maggie así como la falta de empatía con su hijo mayor. Pese a lo tortuoso de la relación que la fotógrafa estaba documentando, afirma que no supo anticipar el episodio de malos tratos que se desencadenó una noche: “¿Cómo pude no verlo? Hay tantas fotos en las que él invade su espacio vital de una forma tan opresiva…”.

Foto: Sara Naomi Lewkowicz

Foto: Sara Naomi Lewkowicz
Lewkowicz fotografió esa escena -que también presenció la hija menor- mientras un vecino llamaba a la policía, que finalmente se llevó detenido a Shane. Son precisamente estas imágenes previas, las de la noche de los maltratos y un par de fotografías finales premonitorias del inicio de una nueva vida, las que han valido a Lewkowicz el mencionado primer premio World Press Photo en la categoría de temas de actualidad.
La mayoría de ellas se encuentran entre las 35 fotografías que conforman la exposición del Pati Llimona de Barcelona, que permanecerá abierta hasta el próximo 26 de julio.

Foto: Sara Naomi Lewkowicz

Foto: Sara Naomi Lewkowicz
Lewkowicz llega a convertirse en los ojos de la pequeña y nos muestra esta lacra desde el punto de vista de otra de sus víctimas
La autora resigue la vida de Maggie y sus hijos Kayden y Memphis, de cuatro y dos años, de una manera íntima, cercana e invisible en todo momento. Pero Lewkowicz sigue con Maggie después de aquel incidente y la fotografía cuando vuelve con el padre de sus hijos.
Ambos se conocieron cuando tenían 14 años y la relación se vuelve más tierna, sobre todo con los pequeños, aunque no exenta de problemas. El reportaje toma un giro inesperado, a la vista de la dureza de las primeras imágenes, y se vuelve mucho más esperanzador (de hecho, el título de la muestra queda injustificado por el poco protagonismo que el maltratador tiene en la globalidad del proyecto).

Foto: Sara Naomi Lewkowicz

Foto: Sara Naomi Lewkowicz
Lo explica la propia autora: “Es interesante porque al principio se trataba de una historia sobre Shane […] y lo terriblemente difícil que se lo ponemos a la gente que ha estado encarcelada para reintegrarse, y finalmente acabó siendo una historia sobre Maggie.”
La mayoría de sus fotografías tienen un punto de vista neutral que ayuda a Lewkowicz a desvincularse emocionalmente para poder hacer un trabajo lo más objetivo posible. “Estas situaciones, si eres muy emocional, acaban haciéndote daño y no puedes pensar de una forma lógica. Simplemente dejé las emociones a un lado.”

Foto: Sara Naomi Lewkowicz
Sin embargo el reportaje recoge una excelente imagen en la que la pequeña Memphis observa la escena de violencia de Shane. Lewkowicz toma la fotografía desde detrás de la niña. Se convierte así en sus ojos y nos muestra esta lacra desde el punto de vista de otra de sus víctimas.
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